Mis 3 Fortalezas Individuales
Empatía:
Durante mi tiempo en la Fundación Los Jóvenes del Futuro, comprendí que la
empatía es mucho más que entender lo que otro siente, se trata de estar presente para el otro. Esta capacidad me permitió acercarme a los niños y lograr darme cuenta de su estado de ánimo. La empatía me ayudó a crear espacios de confianza donde cada niño se sintió valorado,
escuchado y acompañado. Un ejemplo de esto es cuando una actividad de manualidades, vi que algunos niños se frustraban porque las cosas no salían como querían. Para que se sientan bien me acerqué , los animé y les recordé que lo importante era disfrutar el proceso. Eso hizo que se relajaran, se sintieran más seguros y disfrutaran de la actividad sin miedo a equivocarse.
Organización:
La organización a lo largo de mi experiencia se convirtió en algo muy importante, ya que me ayudó a valorar mi tiempo. A pesar de que no es una fortaleza directa, sé que es una de las más importantes, porque aprendí a ponerme prioridades y cumplir mis responsabilidades. Cuando estaba en la organización, también ayudé a planificar actividades, y consideraba que estas sean adecuadas para los niños, esto también me sirvió mucho. Un ejemplo es que a pesar de tener clases en la universidad, me aseguré de organizar bien mi tiempo para poder asistir a la fundación de manera constante. Planifiqué mi semana con antelación, adaptando mis horarios para cumplir con mis responsabilidades académicas y, al mismo tiempo, ofrecer mi tiempo y apoyo en las actividades de la fundación.
Trabajo
en equipo:
En esta fundación el trabajo en equipo es muy importante, ya que muchas veces tenía que existir comunicación entre los pasantes (a pesar de no conocerse) para poder llevar a cabo diferentes actividades. Colaborar con otros pasantes y educadores fue una experiencia enriquecedora,
en la que cada uno trataba de aportar para el bienestar de los
niños. Un ejemplo es que en una ocasión, no había suficientes ingredientes para preparar la comida para los niños, pero junto con una pasante nos organizamos rápidamente. Dividimos las tareas y, trabajando juntas, logramos hacer el almuerzo con lo que teníamos disponible.


3 Fortalezas de los beneficiarios
Resiliencia:
Los niños de la fundación demuestran una resiliencia admirable, ya que a pesar de las circunstancias difíciles, siempre mostraban una sonrisa en su rostro y sus ganas por aprender algo nuevo. Un ejemplo es que una vez un niño estaba llorando, pero cuando empezamos con la actividad de pintura cambió totalmente su estado de ánimo y realizó la actividad de forma entusiasta.
Curiosidad:
La curiosidad de los niños es demasiado grande, tienen muchas preguntas y ganas de conocer cosas nuevas. Siempre buscaban aclarar todas sus dudas y lo hacían de manera energética, con preguntas que parecían tan obvias pero que al ser contestadas, los niños mostraban una sonrisa en su rostro por la satisfacción de conocer la respuesta. Esta curiosidad demuestra sus ganas de aprender y de superarse cada día. Un día, mientras hacíamos una actividad de arte, vi que los niños tenían muchas preguntas sobre los colores y pinceles. Aproveché su curiosidad para mostrarles cómo mezclar colores, lo que hizo que se entusiasmaran más.
Solidaridad:
Esta es una fortaleza de los niños de esta fundación, ya que siempre trataban de mostrarse solidarios con los otros niños niños, con pequeñas acciones como compartir un cuaderno, ayudar a un compañero a resolver un ejercicio, consolarse mutuamente cuando algo salía mal. Con esto puede ver que a pesar de la falta de recursos siempre se puede tener ese sentido de solidaridad, no necesariamente con cosas materiales, si no que también con apoyo moral.
Cómo la suma de estas fortalezas aportó al desarrollo de las actividades:
La unión de nuestras fortalezas creó un círculo de crecimiento increíble. Mi empatía se conectó con su resiliencia, mi organización se vio enriquecida por su curiosidad constante de aprender cosas nuevas, y mi compromiso con el trabajo en equipo se hizo más fuerte gracias a su espíritu de solidaridad.
Cada taller y cada clase no fue solo una actividad más, fue una oportunidad de aprender y compartir juntos. Me di cuenta de que esta experiencia no solo me permitió aportar a su desarrollo, sino que también cambió mi forma de ver la vida. Me recordó que las pequeñas acciones, hechas con amor y responsabilidad, realmente pueden hacer la diferencia y transformar realidades, que se puede empezar a cambiar la sociedad y la forma en la que se ve a los grupos vulnerables.